Precauciones
Si está atento a lo que puede suponer un riesgo para su salud, no hay razón para preocuparse por su estancia.
Lo primero que debe tener en cuenta es el golpe de calor. Ocurre cuando el cuerpo no puede liberarse del exceso de calor debido a factores medioambientales. Los síntomas más comunes son alta temperatura corporal, falta de sudor, piel enrojecida y caliente, problemas para respirar, y conducta inusual. Para evitar esto, realice las actividades al aire libre en las horas menos calurosas, por la mañana y final de la tarde, beba con regularidad, preferiblemente agua, aunque no tenga sed. No olvide llevar crema protectora en los días soleados.
Otro riesgo es el mal de altura. Si vive habitualmente en una zona de baja altitud y viaja a una zona de más de 5.000 pies, necesitará de diez a catorce días para adaptarse al cambio de altitud. Si siente mal de altura, baje a una altitud menos, y si lo necesita, consiga oxigeno adicional.
Si su salud es estable, haga algo de ejercicio leve en algún momento. Las actividades de vacaciones suelen cansar, con lo cual intente dormir bien y echarse la siesta durante las horas más calurosas del día. Al viajar, lave sus manos con frecuencia con agua y jabón o con líquido sanitario a base de alcohol para evitar las infecciones. Recuerde que si se siente cansado o le falta el aire debe parar de hacer lo que estaba haciendo y descansar.
Si tiene un problema cardiaco u otra enfermedad grave, dígaselo a los que le acompañan por si surge una emergencia. Si se encuentra enfermo, pero no es una emergencia, pregunte en la embajada o consulado qué doctores le recomiendan.
En caso de emergencia
Si sufre una cardiopatía o cualquier otra enfermedad severa, avise a las personas más cercanas
que le puedan ayudar en caso de necesidad. Si se pone enfermo sin necesidad de asistencia médica urgente, puede
preguntar a la embajada o consulado más cercano la lista de los doctores locales.